A mi nunca me llamaron la atención las discotecas, ni bares ni ninguno de esos sitios porque siempre prefería los coros caseros, los espaguetis, la chercha y el desorden. Por eso, desde que mi esposa y yo nos casamos, casi la totalidad de nuestras salidas han sido en juntaderas en casas y sitios donde pudiéramos andar con el niño. Ayer, mi esposa me estuvo hablando del tiempo que teníamos que no salíamos nosotros a algún sitio a divertirnos, y fue cuando me puse a analizar y pensé “así es que las parejas caen en la rutina, y no nos damos cuenta”. Decidimos dejar al niño donde su abuela, y explorar el ambiente nocturno de la ciudad. Llegamos a la casa, nos cambiamos, decido ponerme mi Karavelita®, pues no estaba por bregar con camisa ni polo-shirt de cuello, pues tenía mucho calor.
Salimos, y en el camino nos topamos con el primero de los tantos operativos que están haciendo los policías de noche, eran un grupo como de 10, pero pude pasar sin que me detuvieran. Luego, siguiendo con el camino, cuando voy por debajo del puente Duarte camino a tomar el puente flotante, se me ponen en el medio dos tiguere con cara de delincuentes vestidos de negro y con armas largas. Por un momento frené, pero temí devolverme no vaya a ser que me tiren al carro. Me acerco un poco, con el pie en el acelerador por si acaso, y se me acerca uno de ellos con una voz tosca preguntándome “¿Uté tiene alma de fuego?”, pensé en decirle “Si, abra el baúl que ahí tengo dos metralletas, una escopeta 12 y cinco granadas”, pero solo atine a decir NO. Me pide los papeles, se los paso y pone cara como pensando si eran de verdad son los papeles, por su expresión imagine que la matricula y una receta medica hubiesen sido lo mismo, pues no sabia leer. Me pasa los documentos y continúo el trayecto.
Cojo por la avenida del puerto con el temor de encontrarme un tapón, pero para mi sorpresa estaba desértica, antes eso se llenaba de gente haciendo coro y músicas en los carros altísimas (no se qué le veían a esto, al igual que pararse en la lincoln). Pero bueno, seguimos por el malecón, el cual tenía menos vida que el Cristo Redentor. Pasamos por el frente del Hilton y vimos que había un nuevo bar abierto, pero a juzgar por los vehículos que estaban estacionados afuera, asumimos que era demasiado caro, así que seguimos. Cruzamos por frente del Doll House y veo que no ha perdido popularidad, doblamos en la lincoln y arrancamos a ver que encontramos. Es increíble, pero al cruzar por todos esos cafés y bares, nos dimos cuenta cómo nos ha cambiado la vida de casados, pues sentíamos como que no encajábamos en esos lugares.
Pasamos por frente de Unicentro Plaza y oímos una bulla, y recordamos que ahí estaba Kantabar, así que doblo en la próxima esquina y entro a la plaza. En la entrada de Kantabar, me para el morenomático que estaba en la puerta y me dice “Uté no puede entrá con ese poloché, ete e un sitio de clase”. Me kille y sin mediar palabras me fui, total, ellos se pierden que yo gaste mi dinero en su establecimiento (Will, pa mi que eso eran “LOS OTROS” jodiendo y serruchandote el palo, jejeje). Ya en el parqueo, cuando me voy choque con una columna dando reversa y se cae el bomper trasero del carro (el carro me lo chocó una voladora hace meses, y mientras tanto fijé el bomper con tornillos en lo que me salía el cheque del seguro, pero en eso le salio un problema de mecánica así que tuve que dejar el choque y resolver, parece que al golpear se aflojaron los tornillos).
Armado de paciencia, me pongo a bregar con el bomper en el parqueo de la plaza, lo dejo mas o menos supuesto porque no podía apretarlo porque no encontraba el destornillador de estrías. Sigo en la lincoln camino hacia el malecón nuevamente, y cruzando la 27 veo otra parada de policías revisando (diablo, cuanto joden). Logro escaparme, y cuando estaba en el malecón a mi esposa se le ocurre que fuéramos a la ceniza a bebernos unas cuantas cervezas y a tomar un poco de brisa. Llegando a la ceniza, oigo que hay una banda en vivo tocando, la banda era un tiguere con un órgano que imitaba todos los instrumentos, y una tipa que cantaba (ya ustedes se pueden imaginar), a mi lo que me cayó fue un ataque de risa, mi esposa como que no quería entrar porque se veía medio chopo pero yo le dije “Oye, yo me voy a reír como nunca esta noche, así que vamos a entrar”. La parte más divertida de la noche, estaba por pasar…
Continuará….
(Lo siento por la continuación, pero tenía que desquitármela con Rosannita, El Príncipe Mestizo, Baakanit y La China)




