El sábado, mi esposa y yo salimos a ver una serie de presentaciones artísticas que se estaban presentando en el Teatro Nacional. Era una de esas salidas que rompen con el esquema al que uno está acostumbrado, pero iba seguro porque en esas El Accord siempre hacia de las suyas, como en la de Salida del Viernes por la Noche; pero por alguna razón, creo que el espíritu del Accord nos acompañó esa noche por tratarse del primer aniversario de la publicación de la primera y segunda parte de aquel viernes de luchas.
Resulta y viene al caso, que vamos a la función vestidos como manda el protocolo, y la noche transcurre de lo más normal, hasta que llega el momento de retirarse a la casa. mi hijo se había quedado a pasar la noche donde mami, pero casi llegando a mi casa me llama mami al celular diciéndome que lo pase a buscar, pues no había dormido y se la había pasado llorando y llamándome.
De caminos a casa de mami, en el tramo mas oscuro de la Venezuela, mas o menos por donde esta la planta de Ede Este, siento que el carro me tambalea un poco, y me detengo para comprobar lo que mi mente no quería aceptar: se había pinchado una goma, en un carro que nunca lo había hecho, pero era de esperarse que se me pinchara a mi casi a la media noche en el tramo más oscuro de la avenida.
De pronto se para un carro delante de mí, a lo que voy juyendo a entrarme en el carro. Del otro carro, sale una muchachona con cara de malandra (do you know what i mean), preguntándome que si me pasaba algo; yo, haciendo gestos como que agarré algo debajo del asiento (haciendo bulto), le dije que no se preocupara que todo estaba bien; ella me responde que no me asuste, que ella entiende hay mucha maldad en estos días, pero que en su corazón no la hay, me dice que entonces le caiga atrás y la escolte hasta donde ella iba, pero luego se percató de que mi esposa iba al lado de mi y pidió excusas y se fue. El primer susto de ser atracado había pasado.
Luego, me coloco del otro tramo de la avenida en donde había más iluminación, pero donde había un barrio medio caliente. Cambiando la goma, sale un tiguere preguntándome qué había pasado, le digo que ya ve, cambiando una goma, a lo que me dice que me esté tranquilo que el barrio no es tan caliente como lo pintan; a lo que le respondo que no se preocupe, que yo me crié en un sitio 10 veces mas caliente que éste y reconozco el tigueraje y cómo enfrentarlo.
Cuando ya salgo de mi odisea de cambiar la goma, y creo que todo había acabado, llegando a casa de mami venían dos suicidas en dos ruedas sin luz. Logré esquivar a uno, pero me anoté el otro que venia con otra muchachona detrás. Para mi sorpresa, luego de recordarle al ser que le dio la vida, el tipo se para como que na e na, se monta en su motor y me dice: “no te preocupes pana, que no ha pasao na” y sale a la misma velocidad con la que fue impactado. Por lo menos ni siquiera me rayó el Corolla.
Definitivamente yo no tengo suerte, no puedo hacer nada que se salga dentro de mis esquemas, pues siempre me pasa una digna de contar; aunque después me reí mucho, y me alegré pues tenia tiempo que no me pasaba una travesía digna de postear.




