En muchas ocasiones, tenemos perspectivas erradas de lo que será nuestra vida en determinada situación. Casi siempre planificamos, o más bien pensamos en cómo serán nuestras vidas en determinado tiempo, pero la verdadera realidad es que el día a día y las diferentes situaciones son las que dirán realmente como serán nuestras vidas.
En esta ocasión me voy a enfocar en un caso muy particular, y es cómo cambian las vidas de las parejas desde el noviazgo hasta el matrimonio. Cuando una pareja está en lo que se llama, según el reino animal, época de apareamiento; el hombre hace gala de sus dotes de conquistador:
- Siempre lleva un presente a la dama, o regala rosas sin ninguna ocasión especial.
- Es muy caballero, se para cuando llega la dama, siempre le abre la puerta y ayuda a acomodarla cuando ella se sienta.
- Le recuerda constantemente lo bella que está.
- Le promete cosas inalcanzables, como prueba de lo que sería capaz por su amor (la luna, las estrellas, etc.).
- Escribe cartas.
Mientras, la mujer también hace gala de sus estrategias para atrapar al macho:
- Siempre se mantiene bien arreglada.
- Nunca se deja ver desarreglada, ni sin ir al salón.
- Prepara constantemente manjares y comidas afrodisíacas para el macho.
- Siempre se mantiene complaciente, y accede a todas las sugerencias del macho.
- Ningún regalo material importa, lo que vale es la intención y haberla tomado en cuenta.
Al ver esto en el noviazgo, uno piensa que la vida juntos será siempre de ensueño y color de rosa, pero al transcurrir el tiempo y haber concretado el ritual de la unión matrimonial, algunas de estas cosas cambian, como por ejemplo para el macho:
- Casi nunca se acuerda de comprarle algo a la mujer, y si se recuerda de alguna fecha especial hay que jugar la fecha en combinación con palé porque de seguro se saca ese día.
- Con el tiempo se cree de que la pareja es como una prima cercana, así que nada de abrir puertas ni nada de eso. He visto casos en que las han dejado trancadas sin querer en el carro.
- Le recuerdan constantemente que existe un lugar llamado Salón de Belleza.
- Si la mujer quiere algo, le pregunta que si ha perdido el juicio, que como cree que va a conseguir eso.
- No se recuerda de escribir, solamente usa el teclado y es para el trabajo.
Pero también las mujeres tienen su cuota:
- Siempre se mantienen en tubis, en rolos, en bata larga y con mascarilla de aguacate, miel y avena.
- Casi nunca se dejan ver arreglada, a menos que haya un evento social que así lo amerite.
- Si el hombre tiene suerte, le puede preparar un moro de gandules con pollo.
- Nunca está conforme, y siempre lleva la contraria a todo lo que propone el marido.
- Ay de ti si no te apareces con un regalo caro el día de cumpleaños de ella.
Quizás he exagerado un poco, o tal vez quizás no, el hecho es que la cuando se convive las cosas son un poquito diferente. El kit del asunto está en mantener un equilibrio entre lo que se era antes y lo que se es ahora.
Nota: Todo lo relatado en este post no tiene absolutamente nada que ver con mi vida matrimonial, está completamente basado en muestras al azar tomadas de relaciones cercanas, para que no vayan promoviendo galletones ni batazos hacia mi persona.




