Papá Miguel era mi abuelo paterno, y cuando vine a tener uso de razón ya estaba bien viejito pues mi papá nació cuando él tenia unos 40 y pico de años, y cuando yo nací mi papá tenia unos 40 y pico también, así que ya estaba bien avanzadito de edad, pero aún así duró el tiempo suficiente para que lo conociera bien.
Papá Miguel siempre vivió en la gran casa paterna, en donde también vivían mis tías y mis primos. Recuerdo bien que cuando me pasaba los fines de semana allá, a veces queríamos ir a comprar dulces pero no teníamos dinero, y como mis primos le pedían dinero a diario, me ponían a mi a que le pidiera un peso, pero todos ellos se ponían un poquito detrás de mi con cara de pena, así que cuando Papá Miguel me daba el peso, tenia que dárselo a todos para ser equitativo.
A la edad de 89 años, sufrió una caída que le fracturó la cadera, y tras una complicada operación de emergencia, Papá tuvo que usar silla de ruedas, pero para nuestra sorpresa, Papá Miguel volvió a caminar a los 95 años con ayuda de un andador. Ya quisiera yo ser del material del cual estaban hechos los viejos de antes. A pesar de sus años, leía el periódico sin dificultad, jugaba quinielas, veía los resultados todos los domingos en el periódico y siempre se sacaba.
Toda la familia siempre se reunía cada vez que él cumplía años, y recuerdo que en su cumpleaños no. 98 a tío Titín le tocó llevar el gran bizcocho, pero el muy maldaoso le compró de las velitas que no se apagan, imagínense ustedes. Papá Miguel sopló la primera, y las velitas se encendieron; sopló la segunda y las velitas encendieron, al tercer intento exclamó: “Que venga otro pendejo a apagar esta baina”.
Su cumpleaños no. 100 fue un gran acontecimiento que se celebró en grande con tremenda fiesta. Cuando mis primos fueron a buscar el bizcocho a la repostería, pidieron un no. 100 para colocarlo encima, y recuerdo que tuvieron que pedirlo varias veces pues no le creían. Aquello fue impresionante, ver las sesiones de fotos de Papá con los 12 hijos que quedaban con vida de los 18, luego foto con todos los nietos, y luego foto con todos los bisnietos, y luego fotos con cada uno de sus hijos con su respectiva familia. Todavía el paradero de esas fotos es secreto de estado, pues nadie se recuerda quién las tomó, yo llegaría a pagar mucho dinero por ellas si las encontrara.
Papá vivió mucho, y murió a la edad de 101 años de causa natural. A veces recuerdo su cara cansada, y pienso en lo mucho que tuvieron que ver sus ojos desde el 1895 al 1996. Ya quisiera yo poder llegar a esos años, pues su papá, mi bisabuelo, murió a los 110, pero ellos no llevaban esta vida de stress, malhumor, trabajo, trasnoche y desarreglos de comida rápida y alcohol que llevamos hoy en día.




