Pareciera que voy a hablar de aquella formación de imágenes mentales que nuestra mente genera a necesidad de nuestros deseos, o de algún experimento sexual que no hemos hecho y que siempre anhelamos e imaginamos, pero no, no me refiero a este tipo de fantasía, mas bien voy a hablar de “Las Fantasías”.
A principio de los 90 habían por lo menos dos en cada barrio, y Las Fantasías eran para mí mi suplidor particular creativo para hacer tareas del colegio, ya que allí solía encontrar desde cartulinas, ega, UHU, escarchas, masilla, tempera y en siendo chucherías para poder a trabajar la imaginación cada vez que le pedían a uno que tenia que exponer una clase y llevar algún soporte gráfico.
Las caracterizaba ese olor a plástico, ese olor a hule con el caliente del sol entrando en la vitrina de cristal que se encontraba en la galería de la casa, porque en mi vida vi una que tuviera local propio, siempre estaban en la marquesina de una casa.
Allí también se podían encontrar juguetes, pelotas, cosas de plástico, cintas y pedrerías que usaban las mujeres en sus manualidades, y muchas cosas más que ahora mismo no me acuerdo; pero lo que más se vendían allí eran los artículos auxiliares escolares que mencioné anteriormente.
Ya están en extinción, poco a poco están desapareciendo. Ya no se explota la creatividad haciendo figuras en cartulina, pegando trozos de papel y de periódico; ahora se explota la habilidad tecnológica para hacer presentaciones en Power Point y presentarlas en un proyector.





