Al principio de tu partida, solía deprimirme mucho porque me hacías mucha falta, te buscaba en todos lados, todo me recordaba a ti y en muchas ocasiones me sentí culpable por no haber pasado mucho tiempo conmigo, quizá por inmadurez.
Luego de superar el dolor y la pena, la vida se volvió más normal, pero aún así sentía que algo me hacía falta, mi vida no estaba llena, ya no estabas allí para aconsejarme y contarme las fascinantes historias acerca de tu juventud.
Hace unos años formé mi propia familia, tomando como base tus ejemplos y enseñanzas para ponerlas en práctica, y creo que ha resultado bastante bien, creo que a mi corta edad he desarrollado una madurez increíble, seguro que estarías muy orgulloso de mí.
Hoy me siento bastante extraño, porque a pesar de que cada día estás presente en cada una de mis acciones, ya no me hace falta tu presencia física y no me siento culpable por ello. Tal vez sea porque ya te nos fuiste hace 8 años, y pienso que ya es hora de dejarte partir.
Sí, hoy ya hace 8 años, y me bastó tanto tiempo para superarlo, aunque ya varios años atrás creí haberlo hecho ahora es que realmente me doy cuenta que es así. Estés donde estés, espero que estés bien, y quiero que sepas que estarás siempre presente en mí y en todo lo que transmita a mi hijo.
Te Amo
Relacionado: Querido Padre…




