Noche de Bodas

Esa noche estabas más preciosa que nunca, te veías tan radiante en ese vestido blanco con el toque de coqueta que te caracteriza. Entre saludos y tanta gente aprovechamos el momento indicado para mirarnos a los ojos y dejar que nuestras miradas transmitieran la pasión que nuestros cuerpos no podían expresar en ese momento.

No pude aguantar mis ganas, antes de que terminara la recepción te llevé al baño sin que nadie nos viera para acariciarte. Sabías que no era el lugar ni el momento adecuado, pero tus deseos de poseerme pudieron más que tu razón. Sin dudarlo dos veces, subí tu vestido y te bajé la lencería que muy bien seleccionaste para la de bodas. Te hice mía, una vez más nuestros cuerpos y nuestros deseos volvieron a ser uno solo.

Luego de la excitación, rápidamente te arreglaste el vestido y te acomodaste el pelo, yo me abotoné y arreglé mi camisa y corbata. Nos dimos un último y apasionado beso antes de salir. Lo hiciste primero como habíamos acordado, yo minutos después para no llamar la atención; luego me senté en la mesa a degustar una última copa de vino, tú fuiste a pasar la noche de bodas con tu nuevo esposo.

La Reunión

Estaba yo dentro de un tapón de esos de los que no avanzan ni un centímetro, estaba desesperado por llegar a la oficina, mi jefe me había programado una reunión para las 9:00 AM y ya estaba tarde. Me encontraba en la fila del centro, a 5 vehículos de una intersección que estaba despejada. Si lograba por lo menos llegar a la intersección podía conseguir un atajo para llegar rápido a la oficina.

Cuando los vehículos comienzan a movilizarse, pongo mi direccional para cambiar de carril, pero el Peugeot 406 que está a mi derecha acelera de una vez de una manera agresiva y tocando la bocina. Pude visualizar una dama al volante que no tenía intención de cederme el paso. Entre discusiones y señas con los cristales arriba, estuvimos forcejeando por varios minutos para ver si lograba trancarle el paso.

Finalmente, logré trancarla a la mala, ella no podía mover su vehículo. Logré mi objetivo, pero no tanto por meterme a la fuerza, sino por hacerle la maldad al tener ella la mala fe de no darme el paso. Una vez teniendo su vehículo trancado, esperé unos 60 segundos parado mientras ella tocaba la bocina desesperadamente. Luego, bajé mi cristal y le saqué el dedo mientras aceleraba para que vaya a joder a su madre.

Llegué unos 10 minutos tarde a la oficina, pero llegué. Antes de entrar, primero voy al baño a lavarme la cara para quitarme el sudor que cogí del pique con la bendita mujer esa, luego a la cocina a tomarme un buen vaso de agua mientras me calmaba por unos minutos para estar lúcido. Me dirijo hacia el salón de conferencias, y mi jefe de una vez me introduce me presenta la VP de negocios del nuevo cliente, era una cuenta que él tenía un año tratando de conseguir.

Esta reunión era la decisiva para ganar el contrato, y realmente lo fue, sobre todo porque la VP era la mujer del Peugeot.