Historia de Taxi

Por mi condición de tímido, acostumbré desde muy joven a no interactuar mucho con personas que no tengo confianza a menos que sea necesario, más porque no sé de qué temas hablar con esa persona que por estar de odioso.

Por ésta razón, cada vez que me monto en un taxi lo hago con los audífonos puestos y mi iPod a todo volumen para forzar al taxista a no interactuar conmigo, pero en éste país eso es imposible ya que en un trayecto de 20 minutos el taxista te cuenta toda su vida más la mitad de lo que se ha encontrado en su largo trayecto como taxista; y Dios te libre de encontrarte con uno a que le hayan pegado los cuernos porque ahí la tanda es larga y el camino también.

En mi último viaje a la ciudad de Guatemala, me tocó un taxista de mi casa al aeropuerto que me contó una anécdota un poco graciosa. A él le toco recoger a un tipo, el cual pasó de camino a recoger a una muchacha que había conocido la noche anterior en una discoteca. Lo que la muchacha no sabía es que antes de pasarla a recoger a ella, el tipo le había dado instrucciones al taxista de que la ruta era San Isidro derecho rumbo a la ciudad del niño (a.k.a. Las Cabañas).

Durante todo el trayecto ellos iban en chulería (aún no sé cómo dos personas pueden estar con un chulimameo delante de otra), y al llegar a la susodicha cabaña, la jeva arma un arboroto mencionando que qué clase de mujer él se cree que es ella, que ella no es una cualquiera (cabe destacar que estaban en chuleo durante todo el camino, y ella viendo para dónde iban, aparte de que la conoció la noche anterior).

El tipo se guayó y tuvieron que devolverse por el show que armó la susodicha. El asunto está en que el taxista los dejó en una plaza comercial, y a las 3 horas el mismo muchacho llamó al taxista para que los pasara a buscar nuevamente, que ahora es ella que quiere ir para la cabaña. Toda ésta historia fue contada mientras yo iba con un audífono escuchando música, y con el otro en la mano escuchando al taxista que comenzó a hablar solo y lo estuve escuchando para no pasar por descortés.

La verdad es que historia de taxis hay miles, tendré que ponerme a rebuscar entre mi cabeza aquellas que sin duda alguna vale la pena contar para compartirla con ustedes.

Noche de Bodas

Esa noche estabas más preciosa que nunca, te veías tan radiante en ese vestido blanco con el toque de coqueta que te caracteriza. Entre saludos y tanta gente aprovechamos el momento indicado para mirarnos a los ojos y dejar que nuestras miradas transmitieran la pasión que nuestros cuerpos no podían expresar en ese momento.

No pude aguantar mis ganas, antes de que terminara la recepción te llevé al baño sin que nadie nos viera para acariciarte. Sabías que no era el lugar ni el momento adecuado, pero tus deseos de poseerme pudieron más que tu razón. Sin dudarlo dos veces, subí tu vestido y te bajé la lencería que muy bien seleccionaste para la de bodas. Te hice mía, una vez más nuestros cuerpos y nuestros deseos volvieron a ser uno solo.

Luego de la excitación, rápidamente te arreglaste el vestido y te acomodaste el pelo, yo me abotoné y arreglé mi camisa y corbata. Nos dimos un último y apasionado beso antes de salir. Lo hiciste primero como habíamos acordado, yo minutos después para no llamar la atención; luego me senté en la mesa a degustar una última copa de vino, tú fuiste a pasar la noche de bodas con tu nuevo esposo.

Beso Con Sabor a Pizza

Me llevaba increíblemente bien con ésta chica, podía hablar de todo con ella, pero en dos meses de relación todavía no me atrevía a darle un beso, y sinceramente aún no sé cómo ella aguantó tanto tiempo y no terminó conmigo por lento.

Era la noche de un sábado, y estábamos comiendo pizza en la sala de su casa nosotros solos; comenzamos a comer, luego ella me da un pedazo de su piza en la boca, y yo hago lo mismo. Luego de que le doy de mi pizza, no pude resistir ver su boca carnosa y brillosa, así que simplemente me incliné y besé sus tiernos y calientes labios.

Luego de hacerlo me retiré, pero ella me besó a mí, y estuvimos jugueteando por un buen rato. Al final de la noche cuando llegué a mi casa, quedé toda la noche con un el cálido y rico sabor de pizza que tenían sus labios.

Rompecabezas

Era una mañana gris de esas que no quieres levantarte, pero la conciencia te grita a mil voces que tienes que hacerlo, hay que trabajar para pagar las cuentas y echar pa’ lante, la cosa está muy dura. El se levanta y hace su acostumbrado ritual: lavarse la cara, luego los dientes, afeitarse el rostro.

Para ella no era tan gris, se levanta cada día  con la bendición de abrir los ojos, y da gracias por ello. Se recoge el pelo en una cola, pone musiquita para alegrarse la mañana y entre baños, cremas y maquillaje se alista para salir al trabajo. Luego de cambiarse rocía sobre sí un suave aroma a petalos de rosa, su lema es estar siempre bella, nunca se sabe cuando se puede encontrar el amor.

El sale y se apresura a tomar el bus, sin darse cuenta de que entre el grupo de gente, en un intento de carterearlo se le cae la billetera del bolsillo. Ella llega tarde y pierde el bus, puede que llegue tarde pero no se lamenta pues siempre piensa que hay una razón para todo; mira hacia  abajo y ve una billetera un poco pisoteada, la recoge y la guarda y de pronto piensa que esa pudo haber sido su razón.

El se queda en la siguiente parada, pero se sorprende al no tener su billetera. Luego de pedir mil escusas y mil lamentos un buen samaritano accede a pagarle el bus. Mientras caminaba hacia el trabajo, cabizbajo y pensando cómo se estaba concretizando su mañana gris, le suena el celular y del otro lado habla una dulce voz que le dice que ha encontrado su billetera; han acordado encontrarse al medio día a tomar un café para entregarle su billetera.

Llega la hora del encuentro y él busca entre las mesas comparando a las personas con la descripción que le dió la joven vía teléfono. Por fin la encuentra, pero no puede creer que dicha hermosura es quien estaba esperando por él; ella lo ve y piensa que valió la pena retrasarse para ponerse bella. Hablan, conversan, se rien; llega la hora de irse y el se despide, han acordado volver por otro café.

Cuando se retiran el piensa en la coincidencia de que aquella bella mujer haya encontrado su billetera, mientras ella piensa cómo todo fue encajado por piezas como si fuera un reompezabezas para encontrar lo que desde hace tiempo esta buscando.

El Amor de su Vida

El está en un banco del parque sentado, aprovecha la tranquilidad de la tarde y la sombra de los árboles. El abre su libro, comienza a adentrarse en su gran aventura, comienza a soñar despierto, comienza a olvidar que está solo.

Ella llega y se sienta en el mismo banco, recoge su pelo para estar mas fresca y deja su cuello al descubierto. Ella comienza a hablar, de lo bella que está la tarde, de las cosas que ha hecho en el día y de las que le gustaría hacer al terminar la noche.

El ya no está interesado en el libro, la mira tímidamente y se percata de lo bella que es. El no quiere ser inoportuno, pero piensa inmediatamente en varias opciones para cenar con ella, y luego terminar la noche a la luz de la vela con una buena botella de vino.

Ella asiente, está contenta con los planes que acaba de escuchar. Ella aceptará solamente si el día siguiente van al cine a ver una película romántica y luego caminar por la noche, le encanta caminar a la luz de la luna.

A el no le gustan las películas románticas, pero con tal de caminar toda la noche con ella estará dispuesto a cualquier sacrificio. No se diga más, pensó él, ahora pensará en el lugar perfecto para cenar esta noche.

Ella cuelga el celular, recoge su cartera y se irá a vestir para pasar la noche con su enamorado.

El la ve marchar y piensa que el amor de su vida no pudo llegar en mejor momento. Sigue pensando, que el momento hubiera sido mejor si la charla fuese de ella con él y no con su celular, de él con ella y no con sus pensamientos.

Una Vida Plena

Te recomiendo leer primero “Una Vida Sencilla“, si no lo has hecho.

José Antonio se levanta con el sonido de la alarma, se sienta unos segundos en la cama para analizar todo lo que tiene que hacer en el día. Intenta concentrarse, pero Sebastián se le tira encima llenándolo de besos y abrazos, ¿Cómo puede concentrarse uno con tanta ternura tan temprano?, luego de jugar un rato enciende su televisión para ver la misma tortura de todos los días: que si subió la gasolina, que si subió la leche, que si subió el gas, en fin, siempre lo mismo.

Mariela les sirve el desayuno a sus dos hombres, y luego de que terminan salen en su Corolla rumbo al colegio de Sebastián y luego a los trabajos. Cuando llega a la oficina, el jefe le recuerda que en la tarde tienen la reunión con el nuevo inversionista, que debe de tener la presentación y los estados listos y sobre todo hacer un buen trabajo ya que el futuro de la empresa depende de ello.

Revisa su correo electrónico y trata de resolver todo lo que tiene pendiente durante la mañana, no suele concentrarse sabiendo que tiene algo pendiente con sus clientes. Al medio día pasa a buscar a Sebastián por el colegio, y luego a Mariela y van a almorzar a la casa en familia, como de costumbre. Luego de reposar un rato, se baña y se pone el traje y una de las tres camisas finas que se compró para esas reuniones especiales.

En la reunión, justo antes de empezar, José Antonio reflexiona un poco, olvida la presentación que tenía preparada y simplemente le dice al inversionista las razones por la cual él debería invertir su dinero en ellos, y cómo esto sería beneficioso para él. Luego de terminar, y unos 45 segundos de silencio, el inversionista pone una única condición para cerrar el trato: que José Antonio sea el nuevo gerente de la compañía.

En la noche, José Antonio sale a cenar a Adrián Tropical a celebrar con su familia el nuevo ascenso. Luego de llegar a la casa, abre esa botella de vino que le habían regalado en la navidad pasada y que planeaba abrir en una ocasión especial, pensó que el momento era el adecuado.

Antes de dormir, va a la habitación de su hijo y lo observa durmiendo, y no puede evitar derramar unas lágrimas al recordarse del día que le propuso matrimonio a Mariela en la universidad, justamente cuando ella le dijo entre llantos que estaba embarazada, y él la tomó entre sus brazos y le dijo que no había por qué llorar, pues estaban juntos y era lo que importaba.

Para José Antonio y Mariela el comienzo fue bien difícil, han evolucionado mucho desde que andaban a pie y vivían en una casa de una sola habitación, hoy José Antonio es ascendido a Gerente, y con esto viene el comienzo de una exitosa carrera de negocios y un bono válido para el inicial de una casa, la que siempre soñó para su familia. Mira a su pequeño durmiendo y recuerda lo que ha logrado el día de hoy, y piensa que no cambiaría por todos los millones del mundo la satisfacción de haber logrado esto junto a su familia, mucho menos después del sueño tan horroroso que tuvo la noche anterior en la cual llevaba una vida en abundancia, aunque totalmente vacía.

Una Vida Sencilla

José Antonio se levanta con el sonido de la alarma, se sienta unos segundos en la cama para analizar todo lo que tiene que hacer en el día. Enciende su sistema de sonido 7.1 y busca en su iPod Video de 60GB su playlist preferido de música clásica, y la escucha mientras se baña, le abre la mente y lo mantiene relajado todo el día.

Sale del baño y enciende su plasma de 60 pulgadas para ver cómo amaneció el país, es muy importante saber cómo está la economía y la república cuándo se tiene un cargo tan importante. Se cambia y enciende su Range Rover desde el celular mientras el ascensor hace el viaje acostumbrado entre los 12 pisos que hay entre el lobby y su Pent House.

Llega a Marochas y pide su acostumbrado y costoso desayuno, para luego dirigirse a la oficina. Antes de entrar a su despacho, su Black Berry le anuncia que tiene un nuevo correo, es del cliente cuya cuenta trata de conseguir desde hace mas de año y medio, quiere una reunión con él, al parecer ya quiere tratar los asuntos en serio.

Entra a su despacho, lee los correos y atiende solamente las llamadas más importantes, quiere mantener su mente fresca para la reunión de la tarde. Firma los memorandos y cheques pendientes, luego al medio día se va a Sophia’s a almorzar sólo, como de costumbre. Tiene todo casi planeado, al terminar se va a su casa, se cambia, se pone sus zapatillas y toma sus palos de golf. Luego, se dirige hacia el malecón y toma el helicóptero que lo llevará al nuevo campo de golf localizado en Cap Cana.

Luego de 17 hoyos y de tener al cliente casi convencido, éste le propone un trato a José Antonio: si llega al hoyo 18 de un tiro cierran el trato. José Antonio cerró sus ojos, apretó bien el palo y lo impulsó con toda la fuerza y precisión que pudo. Abrió sus ojos justamente para apreciar que la pelota se entraba en el hoyo, y con ella también entrarían en su cuenta en un plazo de dos años más de 5 millones de dólares en ganancias por cerrar el trato.

Se despide muy cortésmente de su cliente, invitándolo a él y a sus abogados a pasar por sus oficinas el día siguiente para formalizar el asunto. De regreso a su casa, vuelve a poner música clásica, se sirve un trago de Blue Label que sólo abre en ocasiones especiales y se mete en su Jacuzzi, sólo. Debería de estar feliz por haber cerrado el negocio más grande de su vida a tan solo 28 años de edad, pero no es así.

José Antonio simplemente cierra sus ojos, y se les humedecen al pensar cómo sería su vida si se hubiese casado con Mariela, y no hubiese muerto a causa de un aborto mal practicado, que él mismo le obligó hacer simplemente porque estaba en la universidad y no podía darse el lujo de atrasarse en su carrera. Hoy, daría todos sus millones, su Range Rover, su Pent House y todos sus aparatos sofisticados por tan sólo viajar en el tiempo, y comprobar por él mismo, cómo hubiera sido.

El Encuentro, con Lucía

 Enlace Relacionado: Lucía

Esa noche tuve que hacer malabares para zafármele a los muchachos, pues habían improvisado tremenda chercha con un radio y bebidas, celebrando mí cumple. Les dije que tenía que ir al pueblo a buscar algo, que no tardaba. Llegué puntual, y ahí estaba ella, bien arreglada, con el pelo recogido, una blusa y unos jeans ceñidos al cuerpo. La saludé y le exprese lo contento de que estaba por su presencia. Comenzamos a caminar, y hablamos de todo, de amor, de desamor, de mis sueños de terminar mi carrera, de los de ella de ir a la capital, casarse y tener hijos, y otras cosas cursis que ahora mismo no recuerdo.

Me despedí invitándola a que vaya al otro día a la cabaña donde me estaba quedando, y preguntandole qué me iba a regalar pues era mi cumpleaños, no me creyó y me dijo que si se lo demostraba, me daba un beso. Inmediatamente saqué me cedula y se sorprendió al ver la fecha, pues no me creía. De repente, me sorprendió con un beso cálido y tierno, que duró unos 20 segundos. Yo me quede sin habla, ella me preguntó como llegar a la cabaña, y luego de varios esfuerzos por hablar, logré explicarle cómo llegar.

Al otro día, les metí el cuento a los muchachos de que la resaca me había provocado tremenda diarrea, que se vayan para el río y que no arruinaran el viaje por mí. Dure como 1 hora convenciéndolos, hasta que al fin accedieron. Dos horas después llegó Lucía, y sin saludar me plantó otro beso y luego entro a la casa. Esa mañana nos la pasamos jugueteando, besándonos en cada rincón, explorando nuestros cuerpos y acariciando sus bellos pechos blancos.

Como era un fin de semana de hombres, no se me ocurrió llevar preservativos, así que no me atreví a pasar de tercera base con ella. Antes de que llegaran los muchachos, le dije que se fuera para que no pasara el mal rato de que la encontraran aquí. Acordamos vernos al día siguiente en el parque, esa vez iría preparado para la situación.

Esa misma tarde, en la revisión diaria de buzones de voz de los celulares, llamó el papa de Eddy, diciéndole que su abuelo se había puesto mal. Tuvimos que arrancar de improviso para la capital, el otro día para mi no llegó. No pude avisarle a Lucía que no podía asistir a nuestro encuentro, pasé todo el camino de regreso preocupado pensando en qué pensaría ella de mí, pensará que la dejé plantada sin saber el motivo, tal vez iría a la cabaña y le vería vacía, no se. El asunto no me preocupó mucho, pues simplemente fuimos dos jóvenes iniciando la adultez, que hicieron una gran química y tuvieron una gran aventura, así que después de unas cuantas semanas, ya me había olvidado de eso.

Pasaron 3 años, y sorpresivamente la vi en un súper mercado de la capital. Al principio no la reconocía, pero si era ella, solo que mas refinada, vestida con ropa de moda y por lo que se veía bien cara. Pensé unos segundos en ir a saludarla, pues no sabia como iba a reaccionar, si me iba a pegar, o que cosas me iba a decir por dejarla plantada aquel Domingo en Jarabacoa. Al final me decidí y me le acerqué, la saludé pero no me reconoció; le dije mi nombre, aun así no se acordó; volví y le recordé mi nombre, de aquel fin de semana hace 3 años, pero en eso llegó lo que al parecer era su esposo, y para evitar un mal rato, lo que hice fue retirarme y disculparme pues le había confundido con otra persona.

Estando a cierta distancia, me miró, y pude notar que fue la misma mirada que recibí aquella mañana en ese súper mercado de tercera. ¿Por qué se hizo que no me conocía? Me sentí un poco incomodo, pero no me molesté ser ignorado un publico, pues era de esperarse que tendría razones justificadas. No la he vuelto a ver, quizás el destino no vuelva a jugarme otra coincidencia, por lo menos para darle otra razón.

Lucía

A principios de año 2003, unos amigos de la universidad me habían hablado sobre un fin de semana que estaban planeando en Jarabacoa en la cabaña del papá de Eddy, solamente que estaban esperando un fin de semana largo para aprovechar el viaje. El más cercano fue el 27 de febrero, que caía jueves, por lo que aprovechamos para hacer puente, y doblemente lo aprovechamos porque al siguiente día era mi cumpleaños no. 21, una razón más para gozarnos el fin de semana lejos de casa y sin supervisión de padres.

Llegamos el jueves tempranito, inmediatamente avisamos que llegamos bien, apagamos todos los celulares, nos quitamos los relojes y metimos en una mochila cualquier cosa que nos haga mantener contacto con la ciudad o la tecnología. Mientras un grupo limpiaba la casa, otros nos fuimos al pueblo a comprar comida y a abastecernos de bebida suficiente para el fin de semana.

Entramos en algo que pretendía ser un súper mercado, y mientras metía cosas en la canasta, sentía que alguien me miraba. En una miro de repente, y mis ojos atraparon a una hermosa chica de piel bastante blanca, pelo lacio castaño y unos bellísimos ojos marrones. Al agarrarla in fraganti, no volteó la mirada como esperaba, en cambio me brindó una bella sonrisa y continuó con su compra, yo también hice lo mismo, y sin dirigirle la palabra, pagamos lo que habíamos escogido y nos regresamos a la cabaña.

Al regresar no tuvimos tiempo de descansar mucho, pues había que terminar de organizar la cabaña, ordenar la compra, cocinar, y cosas como esas. Ya entrando la noche, salimos a la terraza y mientras los muchachos jugaban dominó, yo recordaba con gracia a la chica del súper mercado, y de lo bien que se veía.

Al otro día me despertaron con tremenda bulla y cantándome las mañanitas, seguido de varias llamadas telefónicas luego de rogar que me dejaran encender mi celular por la ocasión, aunque sea por unas horas. Nos cambiamos y fuimos a desayunar al pueblo, y luego del desayuno, fui a sentarme al parque a reflexionar de la vida, mientras los muchachos averiguaban como llegar a un famoso río que había por la zona.

Estando muy concentrado pensando en mis adentros, me interrumpe un “Hola”, y me percato que de que era el mismo rostro que me sonrió en el súper mercado. Me dijo: “Hola, no eres de por aquí, ¿verdad?”, le respondí que no, que era un turista, a lo que vuelve y me dice: “Hola turista, me llamo Lucía”. Aún me sorprendo cómo en un pueblo, podía haber una chica tan extrovertida que no temiera hablarle a un extraño.

En unos 45 minutos creo que me contó casi toda su vida, desde que tiene una hermana en la capital, hasta que su papá tenia una finca en donde cosechaban rosas, le dije que al parecer su papá lo hacia muy bien, pues una de ellas salio caminando y me estaba hablando, comentario que hizo que me brindara otra sonrisa. Veo a los muchachos llegar de lejos, y me despido antes de que me vean con ella. Le dije que fue muy agradable hablar con ella, y le pregunté si iba a estar esa misma noche en el parque, me dijo que si tendría una buena razón para estar allí lo estaría, a lo que respondí que le aseguraba que la iba a tener. Asintió con la cabeza, y acordamos encontrarnos a las 7:30 en el mismo banco.

Continuará…. 

Cuatro Recesos y un Nombre

Cuando comencé a trabajar en el banco, la primera quincena de cobro coincidió con un fin de semana largo. A mi primo O.C. siempre le ha gustado disfrutar no importa el costo, por eso me convenció en gastar mi quincena de cobro en un fin de semana de primos en Catalonia Bavaro, con el pretexto de que si no lo hacia en ese momento no lo iba a disfrutar porque desde que uno se mete a trabajar de una vez aparecen mil lios en que gastar los cuartos, y sus palabras fueron verdaderamente profeticas.

Organizamos el viaje Ramón, O.C. y yo y arrancamos a celebrar una nueva vida de independencia económica. Llegamos al hotel el viernes en la noche porque se nos pincharon dos gomas en el camino, desempacamos, nos bañamos, cenamos y procedimos a dormir porque estabamos bien cansados.

Al otro dia en la mañana O.C. nos levanta practicamente de madrugada porque el desayuno estaba puesto y habia que sacarle al hotel los chelitos que estabamos pagando, asi que desayunamos y volvimos a dormir. Ya en la tarde me pongo mis baggies y arranco para la playa a darme un chapuzon, mi idea era descansar y despejar un poco la mente.

En la noche, luego de la cena, me sirvo munición suficiente de alcohol y arranco para la playa nuevamente a meditar un poco sobre mi vida, olvidar un poco el rompimiento de la relación que tuve hace poco y proponerme darme un tiempo antes de entrar en contacto con otra chica. En eso escucho unas risas, pero estaba muy oscuro y no podia apreciar de donde venian exacamente.

Me acerco un poco a la orilla, y me pude percatar de que habian unas 3 gringas de unos 19 años bañandose a la luz de la luna, y sus ropas en la orilla me hicieron imaginar que no llevaban traje de baño. Una de ellas me hace señas de que me acerque, asi que no vacile en quitarme la ropa tambien y percatarme de qué se trataba el juegito.

Me acerco a la chica que me hizo la seña, y con un inglés bien machado de muelle pude conversar un poco con ella. Su nombre era Stacy y tenia 18 años de edad, ella y sus amigas andaban de vacaciones y solas en el pais. Conversamos y jugamos un poco, pero sin ningun contacto corporal. Ya pasado un rato se estaba poniendo bien frio, por lo que ellas deciden salirse, y lo hacen asi sin mas sin importarles que yo las viera desnuda, yo en cambio me tarderunos minutos mas en salir esperando qe la fuerza de gravedad haga su efecto en ciertas partes del cuerpo.

Ya en la orilla, mientras me estoy cambiando le digo a Stacy que me voy a dar un baño a mi habitacion, todavia no se de donde me salio decirle “Do you wnna come with me?”, pero mas me sorprendio que me dijera “Sure, why not?”. De camino primero me pare en el lobby y luego de 3 minutos llamando ala habitacion lo coje O.C. y le digo a ambos que busquen otro lugar en donde meterse porque yo iba acompañado.

Entramos a la habitacion y mientras Stacy encendia la habitacion, yo entro a la ducha maquinando que era lo que iba a hacer con tremendo monumento de mujer con profundos ojos azules como el cielo. En menos de un minuto, sin darme cuenta, estaba stacy metida en la ducha conmigo, y comenzamos a bañarnos, tocarnos, y luego terminamos en la cama hasta que nos quedamos dormidos de cansancio luego de una intensa noche de pasión.

Al despertarme ya se habia ido, era bien tempranito y salgo de mi habitacion a ver si puedo alcanzarla, pero lo unico que pude encontrarme fue a mis primos muertos de un jumo durmiendo en uno de los muebles del lobby. No logre verla en todo el dia y al dia siguiente nosotros nos marchamos. Todavia no se su apellido, ni de donde exactamente venia, solamente tengo de ella su nombre y el recuerdo de 4 recesos obligatorios, antes de comenzar de nuevo.