“Si tan solo pudiera estar en tu lugar” es la frase que comúnmente me decía mi madre cuando me enfermaba de niño. Aunque me gustaba mucho que me lo dijera, porque de algún modo uno siente ese amor que tienen los padres hacia uno, realmente no sabía el peso y el significado que tiene esa frase hasta la semana pasada.
Mi hijo siempre ha sido un niño bien fuerte y sano gracias a Dios y casi nunca se ha enfermado, pero la semana pasada estuvo bien enfermito y fue una infección que prácticamente lo tumbó pues duró una semana con fiebre bastante alta. El es tan despierto y tan tremendo que constantemente le digo “Mi hijo, pero sientate por lo menos por una hora” de lo tanto que rinde, pero en esta semana entendí que prefiero mil veces que esté dándome carpetas a que esté acostadito en una cama.
El tratamiento que le indicaron fue bien fuerte, pues eran inyecciones intramusculares de 5cc de Antibióticos, imagínense eso a un niño de 2 años, ya pueden saber cómo estaba yo, queriendo estar recibiendo las inyecciones por él pues el pobre de llegar a emergencias ya entraba en pánico, aquello me partía el alma.
En una de las noches en que estaba prendido en fiebre, estábamos acostaditos en la cama, se me acerca y me abraza el cuello y con una voz débil y temblorosa me dice “papito, ti amo”; eso me emocionó tanto al punto que se me aguaron los ojos de la pena, y en ese momento les juro que hubiese dado lo que sea para poder estar en su lugar.
Gracias a Dios ya está muy bien, y doy gracias nuevamente por ser un niño bien sano, pues aunque dicen que Dios da la fortaleza para afrontar cualquier tipo de situaciones, yo no creo que mi alma resista ver a esa criatura tan indefensa pasar por otra situación igual o peor.





