Noche de Bodas

Esa noche estabas más preciosa que nunca, te veías tan radiante en ese vestido blanco con el toque de coqueta que te caracteriza. Entre saludos y tanta gente aprovechamos el momento indicado para mirarnos a los ojos y dejar que nuestras miradas transmitieran la pasión que nuestros cuerpos no podían expresar en ese momento.

No pude aguantar mis ganas, antes de que terminara la recepción te llevé al baño sin que nadie nos viera para acariciarte. Sabías que no era el lugar ni el momento adecuado, pero tus deseos de poseerme pudieron más que tu razón. Sin dudarlo dos veces, subí tu vestido y te bajé la lencería que muy bien seleccionaste para la de bodas. Te hice mía, una vez más nuestros cuerpos y nuestros deseos volvieron a ser uno solo.

Luego de la excitación, rápidamente te arreglaste el vestido y te acomodaste el pelo, yo me abotoné y arreglé mi camisa y corbata. Nos dimos un último y apasionado beso antes de salir. Lo hiciste primero como habíamos acordado, yo minutos después para no llamar la atención; luego me senté en la mesa a degustar una última copa de vino, tú fuiste a pasar la noche de bodas con tu nuevo esposo.