Hora de Química

En el colegio, las materias más fuertes como sociales, física, química y otras; eran regularmente impartidas por profesores que eran bien fuertes, esos de los que solamente hacían entrar al aula y aunque hubiese un desorden descomunal, en unos segundos como por arte de magia todo el mundo se callaba y se sentaba bien alineaditos.

En mi caso, hubo una excepción con mi maestra de química que se llamaba Divina, la cual era un alma de Dios. Mis compañeros y yo, acostumbrábamos reírnos de todas las travesuras que le hacíamos a divina, pero ahora me pongo a pensar y realmente lo que me da es pena, pues pienso que nosotros nos pasamos un poco con ella, y abusábamos de su ingenuidad.

En ocasiones cuando tocaba la hora de química, inmediatamente llegaba el cambio de hora cerrábamos todas las ventanas y la puerta del aula con seguro. Cuando Divina llegaba tocando la puerta, le boceábamos “no es aquí” y veíamos por la ventana entreabierta cómo ella se pasaba la hora pasando aula por aula para confirmar donde estaba su supuesta aula extraviada.

En los días que no estábamos por tomar clases, nos inventábamos que había un bajo en el curso y salíamos despavoridos ante la supuesta emanación de gases de uno de los alumnos, y decíamos que no íbamos a entrar al curso hasta que no se fuera el bajo. En eso se iba la hora y nosotros barajando en el pasillo.

Otra cosa que hacíamos, es hacernos que no entendíamos un tema para que ella lo explicara repetidamente y llegara el cambio de hora sin tiempo de dejar ninguna tarea ni ningún trabajo. Esos tiempos nunca vuelven y aunque disfrutábamos la travesura, hoy lamento mucho no haber apreciado la enseñanza de la profesora Divina.

Amor de Colegio

Entre todas las relaciones que uno ha tenido durante toda su vida, hay muchas que uno deja en el olvido, otras simplemente uno las entierra cuando decide pasar ese capítulo a la historia; pero los que nunca se olvidan son los amores de colegio, ya que se podría decir que ésta es la primera experiencia con el amor, aunque no siempre lo sea así.

En mi caso, desde que entré en el San Martín a 3ro. de primaria me enamoré de una compañera de curso. Aquello fue amor a primera vista, desde el primer día quedé flechado. Con los años, mi enamoramiento y obsesión por ésta compañera fue creciendo increíblemente, pero nunca me atreví a confesarle mi amor aunque me imagino que se habrá enterado por boca de otros compañeros.

Una de las razones por la cual nunca me atreví a decirle nada, es que ella era la clásica chica atractiva de colegio: su círculo estaba rodeado por chicas atractivas y sofisticadas, así que no había manera de que un chico común se le acercara. En estos casos, mi única esperanza era que se me acercara para que le ayudara con una tarea o le explicara algo; pero había un pequeño detalle: Ella era Inteligente, así que definitivamente era impenetrable. Además, chicas como ésta siempre se metían en amores con chicos atractivos y sofisticados de dos cursos mayor que el de uno,

Ya en bachillerato, desistí de aquello y comencé a enamorarme de otra compañera con la cual si tenia mucho contacto. Esta vez, no iba a dejar pasar  mi gran oportunidad, así que con ayuda del Peke escribí mi primera carta de amor y se la coloqué dentro de un libro que me pidió prestado. Al otro día la llamo, y le pregunto si encontró una sorpresita que había en el libro; a lo que me contesta que le gustó muchísimo, que muchas gracias. Seguido a ésto, dijo la famosa frase de 7 letras y 2 signos de puntuación que puede frustrar a todo joven en la adolescencia: “Yo también te amo, pero como amigo.”,  aquello fue como arrancarme el corazón a sangre fría del pecho con la mano, cortarlo en miles de pedacitos con un cuchillo y luego freírlo en una sarten.

Con el tiempo, comprendí que realmente no estaba enamorado, sino que confundí la gran amistad que teníamos. Hoy en día aún somos grandes amigos y mantenemos buena comunicación. Estas dos experiencias frustraron cualquier otro intento de noviazgo, así que mi primera relación que se podría contar como noviazgo fue en mi primer cuatrimestre de universidad (pueden comentar si la risa los deja).

De Regreso a Clases

Por más que pase el tiempo, es muy difícil uno olvidarse uno de ésta temporada, la de final de agosto que marca el inicio a clases. Recuerdo perfectamente que para estas fechas andaba yo con mi mamá y mi papá peinando la duarte, específicamente las tiendas Plaza Lama, Sederías California y La Gran Vía; en busca de los útiles escolares. Vamos a recordar un poco las cosas que uno hacia que le compraran a uno, y los usos que uno les daba, que casi nunca eran los correctos:

  • Forros de Cuadernos: Éstos podían venir de plástico transparente, ó de papel con figuras, mis preferidos eran los que traían las figuras de Looney Tunes. Su rol es cuidar las portadas de los cuadernos, y de verdad que lo hacían, pues uno los llenaba con firmas, garabatos y calcomanías. Al final del año escolar, uno les quitaba los forros a las mascotas y comprobaba que la portada seguía intacta, ahora bien, ¿De qué nos servía si ya se había terminado el año escolar?.
  • Los Cuadernos: Regularmente eran Eco ó Apolo, y aparte de guardar los apuntes de nuestras materias, las últimas páginas guardaban nuestro lado artístico, el cual desarrollábamos en las horas de las materias aburridas. Además, me enseñaron que el Himno tiene más de 6 estrofas.
  • Los Lápices: ¿Los recuerdan?, son unos trozos de madera con carbón dentro que servían para escribir. A mi me gustaban más los de cera pues no se desbarataban al sacarle puntas, y el sobrante salía entero sin hacer regueros. A mí me tocaron lápices, muchos de ellos, pero los riquitos usaban multiminas que consistía en un tubo de plástico que contenía 12 puntas, y cuando se te gastaba una, la colocabas al final para que ésta empujara a la más nueva (bainita pendeja esa). Los que eran un poco más ricos usaban porta minas, que era un aparato un poco más sofisticado.
  • Sacapuntas: como su nombre lo índica, es un aparato muy sofisticado que servía para sacarle la punta al lápiz cuando ésta se ponía bola. El mismo constaba de una parte de plástico ó metal, otra con una parte de metal filosa y un agujero que le daba la forma a la punta del lápiz. El método para probar que un sacapuntas hacía bien su trabajo, era llenando el buche de aire y puyarlo con el lápiz. Su método de limpieza era muy complejo, ya que si lo soplabas para sacarle la basura, lo ponías boto. Los portaminas y el teclado han logrado que lápiz salga casi por completo de mi memoria, los arquitectos y publicistas no corrieron con la misma suerte.
  • Borra: Instrumento mágico que se utiliza para deshacer lo que uno escribía con el lápiz. Vienen de tres tipos: las Karavelitas® que te hacían un toyo y no borraban nada; las que venían de figuras y de olor que eran más decorativas que otras cosas, éstas las usaban las niñas, ahora bien, si usted es varón y las usaba le recomiendo que se haga éste test; por último estaban las de leche, las cuales son las realmente funcionales, borran bien nítido. Yo tenía la maña de masticar las borras de leche.
  • Lapicero: Instrumento moderno que utilizaba tinta para dejar impreso de manera permanente el escrito. Los riquitos usaban felpas los cuales eran mas finas y sofisticadas, pero el resto usaban comúnmente lapiceros bic azules, los cuales cuando iban por mitad se secaba la tinta, y para hacerlo funcionar había que rayar el piso con la punta de manera enérgica y repetida, ó colocar por unos segundos la punta del lapicero al fuego de la vela. Regularmente, al final la bola de la punta terminaba saliéndose en el momento más inoportuno, creando tremendo toyo entre la mascota y la camisa del uniforme.
  • Ega: Líquido blanco espeso cuyo fin es lograr unir y mantener superficies planas, preferiblemente de papel; pero su verdadero fin era entoyar al que la utilizaba, y hacerle la vida imposible a uno cuando no era utilizada por mucho tiempo ya que el orifico por donde salía se tapaba con la misma sustancia, y la única forma de destaparlo era con una aguja ó alfiler caliente. Yo solía embarrarme las dos manos con Ega, esperar a que se me seque y luego quitármela lentamente, como si me estuviese arrancando la piel. Años después salió una variante llamada UHU que tenía la capacidad de entoyar a uno 155% más que la Ega.
  • Mochila: Se tiene la idea de que es un bulto que se utiliza para guardar los libros, cuadernos y útiles escolares, pero en la primaria se tiene un concepto muy diferente de la Mochila. En la primaria, la mochila era símbolo de status social, determinaba el nivel de bonanza ó de olla en que se encontraba en tu familia: los menos pudientes teníamos la mochila “Safari” estándar, que era una mochila negra que simulaba ser de piel de cocodrilo, pero en realidad era de hule y la misma no podía ser expuesta al sol por más de 30 minutos porque después no había espalda que la soportara; los de clase media tenían la “Safari” Premium que igualmente eran de hule, pero la parte superior e inferior simulaban ser de cuero; y por último están las que usaban los riquitos, las “JanSport”, símbolo de poder y bonanza, eran de tela de un solo color y la parte inferior de leather genuino. Los que tenían JanSport las trían regularmente de New York cuando regresaban de sus vacaciones.

Luego de tener todo esto, seguía la espera del día más esperado: la apertura de las clases. La primera semana de clases uno se levanta tempranito con el vicio de llegar al curso y exhibir lo que le habían comprado a uno. Aquello era un campo de batalla, una lucha por exhibir quien llevaba la baina más bacana y cara. Luego de unas semanas, se le iba el vicio a uno y era tremendo lío para levantarse.

Y tú, ¿Te acuerdas de todas esas bainas?

PD: Esto es una transmisión de prueba, todavia no estoy de vuelta totalmente… 

Viajes de Colegio

Frente a mi casa hay un colegio, pero esta mañana me resultó extraño escuchar el bullicio tan temprano, y cuando me asomo veo dos guaguas de la Metro estacionadas, y el reguero de muchachos de bachiller en jeans, bolos, baggies, t-shirts, sandalias y sus bultos. Ahí me di cuenta que iban de paseo, y me dio tremenda envidia verlos en grupo cherchando, sin preocupaciones y totalmente relajados preparandose para abordar el bus, y yo cambiandome, mi esposa preparando a mi hijo y alistandonos para ir al trabajo.

Por unos minutos, me transporté a mis tiempos de colegio, donde mi unica preocupacion era la tarea que me dejaron para la semana, y al ver a los chicos muy alegres, y haciendo bulla cada vez que llegaba uno, me acordé de los viajes que hacian en mi colegio. Lo primero es que para los paseos le ajustaban a uno en una cantina un bendito puré de papa con jamón, a otros le ponian un sandwich de huevo, y no faltaba el que llevaba un locrio de arenque, que por supuesto se lo jartaba solo en un rincon para que no lo relajaran. Los mas pudientes del curso, llevaban efectivo y se compraban sandwiches y esas cosas que podian vender alrededor.

Cuando se llegaba al colegio, si no eras popular (como era mi caso) con suerte te saludaban, en contraste con los que eran populares, que todos le hacian bulla y boceaban su nombre a coro. Nunca se quedaba el despistado, que llegaba en uniforme y to el mundo lo miraba como pensando “¿Y tu no leíste Ultima Hora? “, a lo que respondia a las miradas de todos “Mierkina, no me digas que el paseo era hoy”, a ese habia que jocearle un t-shirt y a la hora de la comida se le preparaba n choque de sazones, hechandole en una cantina un poco de lo que llevó cada uno.

Como el despistado, tampoco se quedaba el que siempre llega tarde, que llega justamente cuando la guagua está arrancando, y se manda corriendo dandole a la guagua, y todos dentro boceando “chofer parate que llegó fulano”, y por supuesto, luego de que logra entrar a la guagua viene una respectiva bulla por haber llegado. Aunque siempre nos enviaban con los profesores mas agrios y aburridos, siempre armabamos un desorden en la guagua, un reperpero, y no se quedaban los cantos a coro “Chofer seguro, a la guagua dale duro; Chofer caliente, tirate del puente, etc.”.

Yo hasta casi me estaba montando con los chicos del colegio en la guagua, hasta que escucho “Ya el niño esta listo, ve montándolo en el carro en lo que termino de cambiarme”, ahí como que reaccioné y me percaté de que de repente que ya mi vida habia cambiado, y mucho. Creo que voy a organizar una chercha haber si junto a la gente de la promoción y hacer un viaje y recordar esos momentos, el problema es que uno crece, tiene responsabilidades, de repente es importante y ya no tiene tiempo.