Cuando el Día No Está Para Ti

Hay días que definitivamente yo no puedo salir de mi casa, y es que la secuencia de sucesos que me ocurren me hacen preguntarme si el día estaba para mí. Actualmente vivo una vida tan ajetreada que no me permite mucho centrarme en los detalles y ni resolver ciertos asuntos simples, por lo que decidí un día tomarme la mañana para hacer con calma unas cuantas diligencias que debieron tomarse no más de 20 minutos cada una.

Comienzo con mi camino a cruzar el puente cuando varias personas comienzan a señalarme el carro, cuando me detengo me percato de que tengo una goma prácticamente vacía. Por suerte había una estación de gasolina cerca, pero tiene de esas bombas de aire que hay que echarle 5 pesos y yo no tenía menudo, ni nadie a 500 metros a la redonda, así que tuve que devolverme casi llegando a mi casa a echarle aire para no tener que fajarme a cambiarla.

De camino nuevamente, decido irme por el puente flotante que cruza el río Ozama porque el tráfico por el puente Duarte estaba bien agresivo, pero me topo con que estaba cerrado, así que tuve que devolverme y dar la vuelta que se le perdió al diablo, para volver a coger el tapón desde cero. A este punto, ya había perdido como una hora y no había llegado a la primera diligencia.

En la primera diligencia teníamos que retirar algo, pero al llegar mi esposa y yo nos percatamos de que dejamos en la casa una documentación original que era necesaria para retirar el asunto, después uno echar mil maldiciones y luego reírse de lo sucedido, no quedó de otra que devolverse para la casa, buscar el documento en cuestión, volver a chuparse el mismo tapón para cruzar el puente y volver para el primer sitio.

Si ven los sucesos aislados cada uno se ve bien pendejo, pero a mí me tomó casi 3 horas llegar a mi primer destino, cuando en ese tiempo yo debí de haber resuelto las 3 diligencias que tenía que hacer y debí haber llegado a mi trabajo. Si yo no hubiese tenido que ir a trabajar luego, no lo hubiese pensado dos veces en devolverme para mi casa y trancarme con llave no vaya a ser cosa de que me estuvieran guardando otra sorpresita por ahí.