Y tú, ¿Para qué blogeas?

Cuando empecé mi blog, atravesaba por varios momentos un poco difíciles: tenía un trabajo muy mal remunerado en el cual no se me tomaba en cuenta, vivía en casa de mi mamá con mi esposa e hijo y otras situaciones que llenaban en mí un sentimiento de impotencia terrible. La mayor parte del tiempo vivía quejándome de todo y aburrido, no me divertía y tenía que buscar algo en que distraerme, algo en qué soltar todo ese stress y energía, y como por arte de magia encontré un mundo totalmente desconocido por mí: los blogs.

Mi blog comenzó como mi espacio de desahogo en el cual veía el lado jocoso de las situaciones extrañas que me pasaban, en el cual exponía mi punto de vista, en el cual narraba mis anécdotas y exponía mi lado de escritor frustrado escribiendo versos y algunos que otros cuentos e historias que se me ocurrían. Se convirtió en mi rincón preferido, pero algo aún más interesante comenzó a suceder: mi blog comenzó a ser leído por otras personas.

No recuerdo en qué momento las visitas comenzaron a aumentar, y era tan satisfactorio ver la cantidad de gente que entraba cada día, la cantidad de gente que comentaba y me dejaba mensajes y enviaban correos electrónicos. En ese momento comenzó a volverse un poquito complicado, pues quería seguir escribiendo para atraer más gente, y ahí comencé un equilibrio entre lo que me gustaba escribir y lo que a la gente le gustaba leer.

Hoy, mi vida es un poco más complicada, ha mejorado mucho en el sentido personal, laboral y económico, pero tengo tantos compromisos que casi no tengo tiempo libre, y el poco que tengo prácticamente no quiero hacer nada. No tengo tiempo de recordar qué anécdota contar, ni inspiración para escribir un verso, ni imaginación para escribir un cuento.

Lo que más me duele, es que ya no tengo tiempo de leer cada mundo que hay en los blogs que solía leer, y cuando tengo un poco de tiempo veo que tengo más de 300 posts sin leer y eso de verdad que me baja la nota. Casi ni tengo tiempo para blogs, y en realidad no sé si tomarme unas vacaciones a ver si la musa llega nuevamente o retirarme de éste negocio, aunque no creo que tome la segunda opción pero varias veces lo he pensado.

Mientras, un par de días de descanso no vendrían nada mal, y volveré a escribir algo cuando así lo sienta, cuando vuelva el deseo de volar entre mis sueños, cuando tenga el tiempo de buscar en mi imaginación aquella luz azul que me hacía olvidar todo por un buen rato y adentrarme en el mundo de las letras, cuando vuelva a recuperar el sentido de mi blog.